miércoles, 6 de mayo de 2009

Japoneses celebran 110 años de su llegada a Bolivia


Los residentes japoneses, el pasado martes 24, celebraron 110 años de su llegada a Bolivia, en un acto especial realizado en su sede, en la ciudad de La Paz.

El presidente de la Sociedad Japonesa en La Paz, Santiago Atsuro, fue el responsable de hacer una breve reseña histórica de la interesante llegada y estadía de los japoneses en Bolivia.

Indicó que la inmigración japonesa en Bolivia se inició en 1899 con la llegada de 91 orientales, en septiembre de ese año, a la localidad de Sorata, los que formaban parte de los 790 que arribaron a Perú.

Esa llegada está comprobada por el censo general de población realizado al año siguiente, que registra a 79 japoneses que vivían en Bolivia, grupo que inicialmente había llegado al Perú, pero debido a las malas condiciones de trabajo y estafa de la que fueron víctimas en sus contratos de trabajo, fue que se dirigieron a la región del Amazonas boliviano, que aquella época se encontraba en pleno auge por el caucho.

Después de esos primeros inmigrantes hubo muchos japoneses que llegaron también a las regiones de explotación del caucho, principalmente en los departamentos de Beni y Pando.

Más tarde, con la caída de los precios del caucho, los inmigrantes japoneses se fueron cambiando a otros rubros, muchos estableciéndose en los departamentos mencionados y otros en los departamentos de La Paz y Santa Cruz.

Llegaron a desarrollar diversas actividades económicas en esa etapa, pero principalmente sobresalieron en las actividades de comercio, administración de cafés y restaurantes en la ciudad de La Paz, llegando a ocupar uno de los lugares más privilegiados de la zona comercial de la ciudad.

Sin embargo, la inmigración japonesa fue interrumpida cuando Bolivia llegó a formar parte del grupo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y, rompió relaciones con el Japón. Como consecuencia, 29 japoneses fueron deportados a los campos de concentración de los Estados Unidos, perdiendo sus propiedades en Bolivia y aunque el número de deportados al país del Norte fue relativamente pequeño, los demás inmigrantes que lograron eludir la deportación se vieron forzados a liquidar sus propiedades y escaparse de las ciudades para refugiarse en el campo.

No obstante, existió una persecución de los inmigrantes japoneses, muchos recibieron apoyo de sus amigos bolivianos, que colaboraron para refugiarlos en las áreas rurales.

A la conclusión de la guerra, la mayoría de los deportados se fueron al Japón y algunos regresaron a Bolivia para reiniciar sus actividades.

Restablecidas las relaciones diplomáticas y debido a la grave crisis económica en Japón, después de la derrota en la guerra y el retorno de sus soldados que no encontraban trabajo y por otro lado, el plan de desarrollo financiero en el oriente boliviano, se desarrolló la inmigración colectiva planificada con el apoyo de ambos gobiernos, como consecuencia se establecieron las colonias Okinawa y San Juan de Yapacaní en Santa Cruz.

Desde ese entonces, las colonias y actividades económicas de los japoneses han ido creciendo, hasta convertirse en grandes industrias, que coadyuvan en el desarrollo de Bolivia.

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